MI CALLE
Antonio Sánchez Nieto Es corta, se inicia en un frondoso parque y termina en el cementerio, como la vida. Nació en 1974, cuando Franco olía a muerto y los jóvenes sabíamos que el futuro sería mejor. Creíamos en el progreso. Los trabajadores de Iberia, vecinos cooperativistas, estrenábamos pisos de cien metros cuadrados, con terrazas de madera y toldos verdes, trastero, plaza de garaje y, sobre todo, portería con portero. La fachada racionalista, de ladrillo visto con balaustradas de las terrazas en albero, representaban la satisfacción de una clase media de treintañeros que habían superado en bienestar a sus padres. Situada nuestra urbanización en los arrabales de la M-30, la muralla del centro de Madrid, esperábamos que, en las próximas generaciones, nuestros vástagos la superarían. ¡Era el progreso! Todas éramos familias cristianas con dos hijos, ni uno más (el control reproductivo y la incorporación de la mujer al trabajo se habían imp...