IZQUIERDA POLÍTICA Y WOKISMO
Pedro Espino Hurtado
El diccionario estadounidense
Merriam-Webster clasifica woke como adjetivo de argot con el significado
de «consciente y activamente atento a hechos y problemas sociales importantes
(especialmente cuestiones de justicia racial y social) [aware of and
actively attentive to important societal facts and issues (especially
issues of racial and social justice)]». Los diccionarios británicos Oxford
y Cambridge (en inglés no existe un diccionario académico semejante al Diccionario
de la Real Academia Española) dan unas definiciones similares y admiten también
los términos ‘wokeism’ y ‘wokery’, que no recoge sin embargo el
Merriam-Webster. En español se viene utilizando también la voz ‘wokismo’
además de ‘woke’, aunque ninguna de las dos aparece en el Diccionario
académico.
La historia del vocablo woke
(pasado de wake, despertar) es un proceso complejo con casi un siglo de
antigüedad, que ha evolucionado desde el lenguaje coloquial de algunos grupos de
negros de EE. UU. a una palabra de moda política internacional. En el año
1938, el músico estadounidense de blues Lead Belly usó la expresión «stay
woke» en una grabación, advirtiendo a los negros que debían estar atentos a
la injusticia y al peligro racista. Así, woke comenzó a ser una palabra
de jerga que instaba a estar despierto, alerta y consciente de lo que a uno le
rodeaba, y publicaciones negras como el Atlanta Daily World la
utilizaron en los años siguientes con este sentido.
Cuando se desarrollaba el
Movimiento por los Derechos Civiles, en los decenios de 1960 a 1980, «stay
woke» se usaba informalmente en las comunidades negras para referirse a la
conveniencia de mantenerse vigilante frente al racismo y la opresión sistémica.
El término no era muy conocido fuera de esos círculos, pero cobró una vida
renovada con el auge del activismo en redes sociales, especialmente con Black
Lives Matter. A mediados del decenio de 2010, woke se aplicó de forma
más amplia, más allá de la raza, para describir la conciencia sobre temas
identitarios relacionados con el sexo, como el neofeminismo y el activismo
LGTBIQ+, el cambio climático y otras formas no bien acotadas de la denominada justicia
social. La palabra fetiche se convirtió así en una insignia autodescriptiva
del progresismo en espacios activistas.
Sin embargo, como ocurre
con otros movimientos pendulares, a partir de finales de ese mismo decenio de
2010, con la difusión internacional de la expresión, se empezó a usar cada vez
más fuera de los círculos activistas y adquirió también una connotación
peyorativa generadora de reacciones negativas. Especialmente en medios
conservadores y de tendencia derechista, se comenzó a usar woke de forma
despectiva, presentándolo como un exceso de corrección política y como invectiva
a las políticas o movimientos culturales progresistas. En estos momentos, el
término que nos ocupa tiene una doble vida: en entornos activistas sigue
significando ser socialmente consciente ante la injusticia, mientras que en
otros medios se usa de manera sarcástica o peyorativa para criticar excesos —reales
o supuestos— de la política progresista. En español, creo que se podría
comparar con la evolución de la expresión «progre», que hace tiempo tenía un
significado positivo de progresismo y en la actualidad se emplea más para
ridiculizar ideas y posiciones supuestamente de izquierdas.
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En el año 2023, la
filósofa estadounidense Susan Neiman publicó el libro Left Is Not Woke,
editado en español al año siguiente con el título Izquierda no es woke. La
tesis de este libro incide en la idea de que constituye un error serio
confundir woke con izquierda. Aunque el wokismo está alimentado
por emociones arraigadas en los valores de izquierda tradicionales, como la
solidaridad con los oprimidos, a menudo adopta suposiciones filosóficas que
socavan esos mismos fundamentos. Específicamente, entra en conflicto con tres
pilares de la Ilustración que han guiado a la izquierda durante más de dos
siglos: i) el universalismo, ii) una clara distinción entre justicia y poder, y
iii) la creencia en la posibilidad de progreso. La autora critica que, aunque
puedan estar bien intencionadas, las políticas identitarias sustituyen los
derechos humanos universales por una identidad grupal, de modo que desde la
propia tribu —en rivalidad con otras— se hace hincapié en que la
diferencia humana fundamental es la que existe entre los nuestros y los otros.
Neiman advierte, además, de que «los propios woke han sido colonizados
por una serie de ideologías que en realidad pertenecen a la derecha», e insiste
en que, sin ideales universalistas de progreso, la izquierda fragmentada perderá
su poder para resistir a las fuerzas retrógradas. Ella afirma que no está
dispuesta a ceder la palabra 'izquierda', ni a aceptar la sugerencia binaria de
que quienes no son conscientes son necesariamente reaccionarios. Se
permite incluso manifestar la ironía paradójica de que, si a otros grupos se
les permite luchar por sus derechos, ¿por qué no deberían los europeos
blancos defender los suyos?
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En estos
momentos, los identitarismos del sexo y la ideología de género, propios también
del wokismo actual, constituyen unas señas de identidad esenciales de la
gran mayoría de los partidos de izquierda (es posible, incluso, que la moda
seudosociológica de dividir hoy día a la población en generaciones, a veces
enfrentadas, se introduzca también entre los particularismos de grupo que el wokismo
supone). No obstante, existen algunas organizaciones que en España se salen de
esta especie de pensamiento único, y que enumero por orden alfabético, no de
implantación: Frente Obrero (FO), Izquierda Castellana, Izquierda Española, Partido
Comunista Obrero Español (PCOE) y Partido Comunista de los Pueblos de España
(PCPE). En el ámbito europeo, y sin pretender ser exhaustivo, hay formaciones
de izquierda que tampoco han caído en hacer del ideario woke un elemento
nuclear: Partido Comunista Português (PCP); Parti Communiste Français (PCF),
Gauche Républicaine et Socialiste (GRS) y algunas corrientes de La France
Insoumise (LFI) en Francia; Partido Comunista de Grecia (KKE) y Antarsya (coalición
anticapitalista) en Grecia; Partito Comunista (PC) y Partito della Rifondazione
Comunista en Italia; Communist Party of Great Britain (CPGB) en el Reino Unido;
Bündnis Sahra Wagenknecht (BSW) en Alemania; Socialistische Partij (SP) en
Países Bajos; Komunistická Strana Čech a Moravy (Partido Comunista de Bohemia y
Moravia, KSČM); Partido Socialista Búlgaro (este, socialmente conservador que defiende
valores familiares tradicionales), etc. Hay otros partidos que rechazan el
enfoque posmoderno de género, pero desde un feminismo que suelen considerar
radical y que no deja de ser también identitario. Prácticamente todas estas
organizaciones, españolas y extranjeras, son muy minoritarias e, incluso,
algunas de ellas pueden aparecer como patriotas, nacionalistas de su propio
Estado-nación y recelosas del fenómeno de la inmigración cuando hablan de seguridad
en los barrios populares.
Es un hecho
llamativo y desafortunado que las críticas al wokismo se den sobre todo
en la derecha y la extrema derecha, y prácticamente nunca en la izquierda
hegemónica. Resulta paradójico que la mayoría de las organizaciones de
izquierda, en las que debería predominar el racionalismo, hayan hecho del
ideario woke un elemento esencial. Por ello, el empeño que algunos
compartimos en rechazar estas concepciones particularistas del wokismo podría
ayudar a arrebatar a la derecha unas banderas que tendrían que ser más
patrimonio de la izquierda política. Desde el progresismo no se debe temer que
las críticas de los tribalismos sean confundidas con los reproches hipócritas
de las derechas. Creo que el hecho deseable de que la izquierda social abandone
el lastre de los identitarismos que representa el wokismo no va a venir
del crecimiento de formaciones marginales como las señaladas más arriba, sino que
ha de ser la consecuencia de una revisión ideológica de los partidos de
izquierda mayoritarios. Estos partidos deberían recuperar las concepciones de
clase que le son propias y anteponerlas a los tribalismos de moda que
significan estas corrientes. La izquierda tiene que intentar que sus
reprobaciones se distingan de las de la derecha por una visión más racionalista
y global, aunque tampoco ha de tener miedo de criticar, y no incentivar,
reivindicaciones grupales, por mucho que algunas de estas objeciones se hagan
también desde la derecha.


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